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Asertividad....

  Me gusta escribir por impulsos, suelo seguir las palabras que me surgen y las escribo tal cual vienen a mi mente con pocas correcciones. Y así dejo que surjan como el aroma de las flores en una cálida mañana primaveral, o como el canto de los pájaros cuando sale el sol. Que vengan brotando libremente al encuentro de unas con otras, a su antojo. Quizá sea un capricho mío en no ordenarlas de una forma u otra, de no tratar de encauzar un río que viene desde lo profundo de la mente y que quiere llevarse a toda idea por delante con la fuerza de un tsunami. Así que dejo a los vocablos caer a su gusto, sin ataduras, como la lluvia que todo lo moja y todo lo alcanza con sus pretensiones. Aunque tal vez estas pretensiones sean tan sólo que sean leídas, y no menos importante es que le generen algo a quién las lee. En la vida en general es difícil dejarse llevar por impulsos sin moderarlos un poco, hay espacios como el arte, y la escritura como arte en particular que nos dan la oportun...

Jugar con palabras

 Me gusta jugar con las palabras, porque cuando juego con ellas encuentro nuevos sentidos. Me gusta jugar con las palabras, porque en el juego se aprende lo nuevo, y así aprendo a expresarme mejor. Me gusta jugar con las palabras, para declarar lo que siento, porque afirmo lo que pienso. Me gusta jugar con las palabras, porque ello me genera nuevas ideas, aunque algunas sean tan efímeras que se deslizan como arena por las manos. Me gusta jugar con las palabras, porque de ellas nacen historias y de historias se nutre la vida. Me gusta jugar con las palabras, porque cuando tengo miedo se vuelven esquivas y escasas, pero nunca deben faltar. Me gusta jugar con las palabras, porque son como el aire que todo lo llena, el agua que todo lo vivo necesita, o la tierra donde afirmarse. Me gusta jugar con las palabras, porque son como hilos que todo lo unen y a todo conectan. Me gusta jugar con las palabras, porque de ellas nos apropiamos, a ellas las elegimos y con ellas compuse este escrito....

Aquella tarde de otoño

 Aquella tarde de otoño donde bajabamos por la escalinata del parque, llevabamos el mate y unas facturas para compartir. Nos ubicamos cerca del anfiteatro mirando a la costanera, pensamos en pasar una tarde hermosa. La idea era conocernos, charlar, mirarnos, compartir. Las hojas ya habían caído y no trajimos ni una manta para sentarnos, bucamos un banco  y ahí nos quedamos. Me pediste que me quite los lentes de sol, querías conocer mi mirada, y sentirte bajo ella. Yo no sabía que habías sufrido tanto por tu relación anterior y qué todavía lo tenías presente a él. Casi lloraste en mis brazos, y no me quedó otra opción más que abrazarte, como si eso fuera tan díficil. Se me cruzo pensar por un segundo mientras estabamos juntos, que los recuerdos dolorosos son como las hojas en otoño, caen de a muchos como si fueran lágrimas lágrimas, y luego el viento se los lleva, hasta que ya no hay nada, y se va el dolor también. Quedan así lejos, en el suelo, siendo consumidas, hasta que uno...

Charla sobre la salud mental

 El miércoles pasado asistí a la charla sobre la salud mental. Mientras esperabamos en la asociación civil, Martín, mi tocayo, me presentó a su hermana, pero yo no le presenté a mí mamá, aunque el tampoco tenía interés en conocerla. Fue lindo ver a los compañeros y a sus familiares disfrutar y cultivarse con el evento. Ese día lo más llamativo para mí fue descubrir, aunque la palabra correcta tal vez sea develar, o que quizá me fue revelado, qué quiénes más sabemos sobre los padecimientos que afectan la salud mental somos los usuarios de tales servicios. Que si bien un profesional puede mediar, gestionar, tratar, escuchar, aconsejar, no necesariamente conoce los pormenores de vivir con una enfermedad mental. Es a través de contar nuestra experiencia que, en parte, los profesionales tienen material de primera mano para realizar su trabajo, por lo qué es de vital importancia ser honesto y explayarse, porque para ellos puede ser una charla por demás de valiosa, incluso pudiendo ayudar...

Cuando viajaba aburrido en un coche

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  Tenía que viajar de Santa Fe a Diamante, quería ir al motoencuento. Esta vez el viaje no era en moto. Salíamos con Javier mi primo, Mauricio un amigo, y mi papá. Habíamos preparado las cosas esa mañana mismo y a la tarde ya partíamos, se iba haciendo de noche. Aunque el camino parecía corto, nos tomamos un tiempo en llegar. Cada tanto me dormía entre las charlas y el mate, el mate que iba y venía. Acaso era que viajaba aburrido en un coche, sería eso lo que causaba la somnolencia. No tendría porque aburrirme así, ya que no es algo de todos los días viajar con un amigo y en familia unos días a disfrutar de un evento, con motos, alcohol, bandas de rock y mucho ruido. Estas salidas no abundan en mi vida, son algo fuera de lo común, así lo fueron y así serían por un buen tiempo más. Estabamos llegando al motoencuentro en el camping de Diamante. Paramos en el portón, pagamos las entradas y uno de la organización se acerca a mi papá que manejaba, para decirle que los autos van en otro ...