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Todos los niños nacen

Todavía existe hoy en día la creencia, a pesar de todos los avances científicos y sociales, de que hay niños que no nacen. Yo por mi parte no llamaría jamás a nadie que no haya nacido más que nada, sin títulos, o tal vez quizá sean un conjunto de células, células vivas en algún caso, pero sin conciencia y sin posibilidad de sobrevivir por medio alguno, y por lo tanto no tienen nombre. Tampoco por ello se los entierra o se los pone en ataúdes cuando no nacen, tampoco se dice que mueren, o se los anota con los difuntos, porque aquello que no nació no puede morir. Escribir loas a los niños por nacer, cuando esto implica más bien la muerte, ya que todos los niños que por nacer ponen en riesgo con su parto la vida de su madre, no pueden menos que hacer asesinos a quiénes los defienden. Cualquiera sea el caso en el que el feto, porque ese es su verdadero nombre, no llega a conocer la luz, es siempre motivo de discusión por la gente que tiene ideas retrógradas y está cerrada a escuchar aqu...

El halloween del Martín lagarto

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Me desperté el primero de noviembre con un hambre feroz, sería capaz de comerme una mesa entera llena de desayunos. Se me antojaba comer conejo al escabeche, y aunque no lo estuviese del todo cocido, me comería hasta una liebre. De repente al acercarme a la mesa sentí la respiración de algo durmiendo abajo, así como un ronquido liviano. Miré y pude ver un perro negro, mediano, era el Elio, mi perro. Abrí grandes mis fauces, y me lo comí, y así y todo seguía con hambre, que era lo peor. Así que fui a la heladera y me comí el escabeche de conejo, y todo lo demás que allí había.  Se hace tarde pensé, miré el reloj, eran casi las 8am, me fui al baño corriendo a afeitarme. Pero había un problema, no tenía barba, ni pelos, ni nada que afeitar, en su lugar solo había escamas grandes, oscuras y verdosas. Arriba de ellas, unos ojos como metidos hacia adentro, soy un lagarto pensé, un cocodrilo humanoide, no hace falta afeitarme me percate. Sí me puse aceite para abrillantar mis es...

A veces me dejo llevar

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Suelo ser una persona estructurada que planifica desde grandes aspectos a pequeños detalles de su día a día, son pocas las ocasiones donde actuo sin seguir ninguna premeditación. Pero a veces me dejo llevar como si el viento me hiciese volar con él, hacía otras direcciones sobre las que nada había planeado. Con ideas suelo volar hasta pensamientos muy locos, que hablan de infinitos, de universos paralelos y múltiples, de que pasaría si un aspecto mínimo de mi vida, pero importante, hubiese sido cambiado, si seguiría siendo el mismo. Se me ocurre así, un Martín jugador de fútbol profesional, un Martín profesor e investigador de Matemática en alguna prestigiosa universidad. Y también quizá pienso si en otro universo los dinosaurios no se extinguieron y hay quizá un Martín lagarto que devora todo. De una idea rebuscada a una idea extraña voy viajando un poco todos los días cuando me dejo llevar. Pero también hay otro dejarse llevar, qué es el salir a dar una vuelta, a un lugar nuevo, sin ...

Asertividad....

  Me gusta escribir por impulsos, suelo seguir las palabras que me surgen y las escribo tal cual vienen a mi mente con pocas correcciones. Y así dejo que surjan como el aroma de las flores en una cálida mañana primaveral, o como el canto de los pájaros cuando sale el sol. Que vengan brotando libremente al encuentro de unas con otras, a su antojo. Quizá sea un capricho mío en no ordenarlas de una forma u otra, de no tratar de encauzar un río que viene desde lo profundo de la mente y que quiere llevarse a toda idea por delante con la fuerza de un tsunami. Así que dejo a los vocablos caer a su gusto, sin ataduras, como la lluvia que todo lo moja y todo lo alcanza con sus pretensiones. Aunque tal vez estas pretensiones sean tan sólo que sean leídas, y no menos importante es que le generen algo a quién las lee. En la vida en general es difícil dejarse llevar por impulsos sin moderarlos un poco, hay espacios como el arte, y la escritura como arte en particular que nos dan la oportun...

Jugar con palabras

 Me gusta jugar con las palabras, porque cuando juego con ellas encuentro nuevos sentidos. Me gusta jugar con las palabras, porque en el juego se aprende lo nuevo, y así aprendo a expresarme mejor. Me gusta jugar con las palabras, para declarar lo que siento, porque afirmo lo que pienso. Me gusta jugar con las palabras, porque ello me genera nuevas ideas, aunque algunas sean tan efímeras que se deslizan como arena por las manos. Me gusta jugar con las palabras, porque de ellas nacen historias y de historias se nutre la vida. Me gusta jugar con las palabras, porque cuando tengo miedo se vuelven esquivas y escasas, pero nunca deben faltar. Me gusta jugar con las palabras, porque son como el aire que todo lo llena, el agua que todo lo vivo necesita, o la tierra donde afirmarse. Me gusta jugar con las palabras, porque son como hilos que todo lo unen y a todo conectan. Me gusta jugar con las palabras, porque de ellas nos apropiamos, a ellas las elegimos y con ellas compuse este escrito....